Loading...

sábado, 9 de abril de 2011

El Matrimonio, según La Biblia

                    

Este gran legado dejado por Dios ha sido la base de la formación de las familias en nuestra sociedad durante muchos milenios. Tanto es, así, que sean realizados estudios científicos para observar el comportamiento de esta relación humana. El matrimonio encierra muchos retos y desafíos en el núcleo de esta convivencia entre dos personas que por primera ves se vieron e iniciaron una relación. Hay que recalcar que es una institución fundad por Dios, con bases fundamentadas en su palabra.

  Y dijo: ‘Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su esposa, y los dos serán como una sola persona.  Mt19:5 “.

Partiendo de este hecho, podemos ver que para la gran mayoría de los hombres, la voluntad de Dios es casarse. Por eso, es muy importante saber lo que Dios dice acerca del matrimonio y como prepararnos para él.
La bondad de Dios promueve el matrimonio cuando en génesis se hace alusión por primera ves a esta ordenanza

 “ Según Génesis 2:18  Dice: Luego, Dios el Señor dijo: “No es bueno que el hombre esté solo. Le voy a hacer alguien que sea una ayuda adecuada para él.”


                                   

Así pues vemos claramente como Dios, en su bondad, no deja solo al hombre en este mundo sino que le da una ayuda incondicional que le llamo “ayuda idónea”.
 
Encontramos muchos indicios en la biblia  que nos hablan de la relación de una pareja, como la que existió entre Adán y Eva. Que después que salen del EDEN, llamado por algunos teólogos “El Paraíso”. Estos se forjan e inician una familia, teniendo entre ellos 2 hijos.

Es cierto que muchas veces la gente se apresura a tener una pareja, no porque sea la voluntad de Dios, sino porque hay presiones, deseos o necesidades en este mundo. Esto no es bueno, porque así la persona no está creyendo que Dios tiene el mejor plan para sus vidas. ¿Qué dicen los versículos en cuanto a los planes de Dios para nosotros. Estos nos hablan de que existe un amor profundo creado para esta institución y que sin este nada podemos lograr. Tal vez es el complemento más valioso en esta entrañable relación.  

La Biblia habla de cuatro tipos de amor.

El amor Ágape, es el sentimiento mas puro y limpio que una pareja puede disfrutar durante sus primeros meses de inicio. Todo es armonioso, bello y precioso. Este amor es absoluto y proviene sólo de Dios. El amor ágape no espera una recompensa, como los otros tipos, ni siquiera aceptación propia. Al contrario se preocupa primero por la otra persona. Se sacrifica y da de sí mismo sin importar la respuesta del otro. Es un amor que busca el mayor bien del otro cueste lo que cueste. Es el mismo amor de Cristo.

              


El amor Filial o Philos: Este amor es básicamente la amistad. Es la repuesta del humano a lo que le agrada. Está basado en una comunión mutua entre el que ama y el amado. Ambos tienen cosas en común y es un amor mutuo de compartir.

                 

Storgos: La palabra griega para "afecto natural". Es un amor casi universal de querer proteger o ayudar. Se enfoca principalmente sobre asuntos de solidaridad y necesidad. Es un amor que da, pero también tiene que sentirse apreciado. Es un sentido de preservación mutua más que de moralidad. Ejemplos: un animal protegiendo a su cría, la lealtad y el servicio entre padres e hijos, el deseo de ayudar a un desconocido en apuros.

               


Eros: El amor sexual o erótico. La base del eros es principalmente física, creada por una emoción que puede ser buena o mala. Busca satisfacerse y llenar sus necesidades con la otra persona. Es una buena parte del enarmorarse, los sentimientos, y lo romántico. Controlado por Cristo, puede dar un buen apoyo a la relación e intimidad matrimonial.


                 

 Los humanos podemos experimentar tres tipos sin conocer a Dios. Estos son parte de la experiencia humana y muy buenos cuando funcionan como deben. Pero si "el amor" es nuestra meta, estos tres tipos llegan a ser nuestros dioses, y así se destruyen tanto a sí mismos como a nosotros. Son buenos como resultados de la vida normal, pero pésimos como propósitos para nuestra vida.